Parte1
El olor era ya insoportable, aunque todavía más horribles resultaban los gritos de agonía de las víctimas de aquella matanza. Porque eso era: un cruel exterminio.
Sobre piras improvisadas, simples troncos y maleza colocados apresuradamente en forma de tipi, se quemaban las supuestas brujas, condenadas como tal sin un juicio, mucho menos uno justo. De entre todas ellas, decenas de mujeres inocentes, solo una era distinta. Su madre.
Podía haber huido, sus poderes le ofrecían una salida, pero decidió quedarse para intentar ayudar a las demás. No había sido lo bastante poderosa.
Antes de enfrentarse a esa más que probable condena le había dado a su hija los libros mágicos, sus plantas, sus amuletos, y una vía de salida segura. La chica obedeció, escapó, aunque no lo hizo a tiempo para evitar que la terrorífica imagen del fuego, el olor y los gritos se clavase en su alma y se quedase con ella para toda la eternidad.